La Anunciación de la Virgen María se celebra el día 25 de marzo, nueve meses antes de la Natividad de Cristo.
Es la celebración del anuncio del nacimiento de Cristo hecho a la Virgen María, como se narra en el Evangelio de San Lucas.
Iconográficamente la Anunciación tiene varias interpretaciones y hay una que merece un aprecio especial, guardada en la Galleria Nazionale de Palermo, me refiero a la que pintó Antonello da Messina alrededor de 1477.
El rostro de la Virgen elude una idealización de carácter místico, es el rostro de una mujer siciliana real, con tal realismo que permite recrearse en los pequeños detalles.
Llaman la atención las manos de la Virgen, como en un plano de perspectiva distinto del conjunto, aparecen como adelantadas y suspendidas.
El pliegue del velo que cubre a la virgen, es un pliegue que parece una pieza de lencería recién sacada de un baúl.
La figura de María destaca por la piel que contrasta con el velo azul, y, a su vez, el velo azul se destaca sobre un fondo oscuro, dándonos una atmósfera íntima.
Sabemos que es una Virgen por el título de la obra; sin embargo, lo que vemos es una mujer corriente tocada con un paño azul, sin ningún elemento que nos indique que es la Anunciación, pero expresa sentimiento de candor, pudor y emotividad.
No fija sus ojos ni en el libro ni en los que la contemplamos, porque su desconcertante mirada se pierde en el ángulo izquierdo del cuadro.
A pesar del control de los gestos y de la expresión, Antonello presentó en este cuadro su personalísima interpretación del rigor geométrico de Piero della Francesca, simplificando colores y volúmenes al máximo.
No hay ángeles, no hay rayos divinos, no hay trompetas ni oropeles…
Pero llama la atención su mano derecha, ligeramente levantada hacia nosotros, y aunque no nos mire, nos está indicando que nos quedemos en nuestro sitio.
Ella está ahí, leyendo seguramente a la luz de una vela, y nos hace sentir que la hemos interrumpido.
Su mano se convierte en una especie de línea de demarcación: allí está ella en su intimidad, con su libro, y aquí estamos nosotros, extrañamente integrados en su momento;
El acto es el tiempo propio en un espacio codificado, del propio acto de lectura.
Hoy es la fiesta de la Anunciación y de la Encarnación y quien lleva ese nombre (alguien muy cercana a mí) puede que este trabajo le aporte algo más a su significado.

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